Toyota Corolla 1.3 XL 1992: Un sedán clásico lleno de recuerdos [Review del Lector]

Desde que era un citycar (... un niño) siempre me han gustado los autos. Creo que en ello mi abuelo influenció fuertemente.. ¿Mi marca favorita?, está claro... Toyota, y en particular el clásico sedán Corolla, que me ha acompañado desde siempre. Esta es mi historia.

REVIEW DEL LECTOR: RAÚL FARÍAS (35 años)

  • Marca, modelo: Toyota Corolla 1.3 XL Special 1992
  • Motor: 1.3, 72HP, 4 cilindros, 12 válvulas, bencinero
  • Tipo de caja: Mecánica de cinco velocidades
  • Rendimiento de combustible: 13 km/l en ciudad y casi 17 Km/l en carretera (circulando a 90 km/h en 5ta marcha)
  • Kilometraje: 70.430 kilómetros originales

Desde que era un citycar (...un niño) que me han gustado los autos, y en ello creo que mi abuelo me influenció fuertemente de manera indirecta (incluso mi madre me contó que me salvo la vida por haberme casi tragado un llavero de auto). Digo de forma indirecta, porque mi abuelo conoció de la estupenda calidad de los autos Toyota como Oficial de la Armada de Chile, especialmente los Land Cruiser. Tuvo muchos autos a lo largo de su vida, desde un Opel Pre Guerra hasta este Toyota que aquí reseño, que fue su segundo Corolla.

EL RECORDADO 1.6 DX

El primero arribo a la casa de mis abuelos, en febrero de 1980, era un Corolla 1.6 DX en color azul con los faros delanteros dobles (posteriormente el modelo 81 los traía cuadrados). Este modelo se mantuvo en su poder hasta 1992, llevándonos full cargados muchos años al norte. No tuvo mayores dificultades, salvo el recambio de los silenciadores que eran de mala calidad y al final de su estadía con nosotros tuvo un problema del rodamiento de empuje por negligencia del concesionario Toyota que lo atendía (Automotora Alejandro Briones), lo que llevó a que mi abuelo comprase el nuevo en Automotora Mitsui.

Era un auto simple, pero muy corredor. Tengo fresco el recuerdo de cuando en Toyota La Serena, luego de haberle reparado el rodamiento de empuje, el mecánico lo probó adelantando una serie de camiones en plena Ruta 5 Norte. Con mi abuelo quedamos helados. Tracción trasera y poco peso nos decía el mecánico.

LA LLEGADA DEL SUCESOR

Fue a fines de 1991, cuando por motivo de una colaboración que hicimos para la revista Familia de Toyota (publicación para clientes hoy reactivada de manera interna) con mi abuelo fuimos hasta las mismas oficinas de Toyota Chile Ltda ubicadas en Av. Américo Vespucio Norte 098, Pudahuel. Yo con mis cortos 13 años, fue todo un acontecimiento y llevé mi cámara fotográfica. Al entrar, luego de pasar la revisión de rigor nos recibió un Sr. Luis Hansen que era el Jefe de Servicio impresionado con el estado de ese Corolla 1.6.

Desde aquel minuto empecé a hacer lobby con mi abuelo y abuela (que era la dueña de ambos Corollas como muestra de cariño hacia mi abuela) para renovar el auto, hasta que a comienzos de enero de 1992, mis abuelos decidieron renovarlo por el flamante Corolla 1.3 XL Special, estuve a un tris de convencerlo que fuese el Corolla 1.6 GL, pero se negó porque le bastaba con el equipamiento de este. Intenté vanamente que lo pidieran con aire acondicionado original (costaba $200.000 más de la época), pero mi abuela se opuso porque se resfriaría. Bueno donde mandan los abuelos…no mandan el único nieto.

Lo recibimos la tarde de un viernes 31 de enero de 1992, en Automotora Mitsui de Av. Manquehue Norte N° 135, Las Condes, y se dio la casualidad de que un colega del vendedor, Sr. Sergio Salas tenía un familiar interesado en el Corolla 1.6 DX, por lo que el aviso destacado publicado en El Mercurio del día siguiente sólo sirvió para recibir una serie de interesados que se fueron con cara larga al saber que ya tenía dueño. Se fue con poco más de 101.000 kms recorridos.

Mis abuelos estaban dichosos, sobretodo mi abuelo que ya no tenía que sacar músculos en las labores de estacionamiento con la dirección hidráulica (era sobreviviente de un infarto al corazón del año 1985), la radio digital Sony XR-4250 le permitía llevar sus cintas (cassetes de música clásica) a todas partes, pero nunca llegó a dominarla del todo, además de la comodidad de tener vidrios eléctricos. Sin embargo, tal cual lo dejó registrado en su bitácora de mantenimiento, que mantengo hasta hoy, en el primer viaje que hicimos a La Serena en él el verano de 1993 advirtió la menor potencia respecto del 1.6. Je,je yo tenía razón.

Esa fue la historia acerca de cómo este Corolla llegó a la familia. Pero bien cabe dar una breve reseña de la historia de este modelo. Este Corolla XL Special fue una serie especial que llegó a Chile a contar de marzo de 1991 y se mantuvo en regiones hasta el año 1993. Reemplazo al exitoso Corolla 1.3 XL y se distinguía de éste por contar de fábrica con: vidrios eléctricos en las cuatro puertas, cierre centralizado y dirección asistida. Podía ordenarse con caja mecánica de cinco velocidades o automática de tres.

ALGO DE HISTORIA

Este modelo se enmarca dentro de la sexta generación del modelo, en mi opinión, la más variada en versiones y tipologías de Corolla que ha llegado a Chile. He intentado sin éxito armar una historia oficial de este modelo con Toyota Chile, pero me han cerrado las puertas por ser información muy antigua. Apelando a mis conocimientos y recuerdos, esta familia Corolla llegó entre 1988 y 1992 con motores de 1.3 litros 12 válvulas 72 caballos y 1.6 litros, 16 válvulas Twin Cam, 94 caballos en versiones sedán, liftback XL y GL, Station Wagón 1.3 XL y un escaso 1.6 XL 4WD Full Time, además del Coupé 1.6 XL. El único que no trajeron fue el hatchback de 3 y 5 puertas. Incluso hay avisos de prensa de Toyota en El Mercurio que rezan sobre el Corolla Sedán 1.6 XL 4WD, del que ando a la caza de alguno en Chile siquiera para fotografiar. Los colores eran muy variados: blanco, plata, rojo, burdeo, celeste, azul oscuro, beige, gris grafito, verde oscuro y verde grisáceo con interiores en distintas tonalidades.

Desde que llegó a nuestra casa, el suscrito ha sido el que más se ha esmerado en cuidarlo. Mi abuelo, claro lo cuidaba llevándolo siempre a sus revisiones periódicas en el mismo concesionario, salvo en 1993 cuando se inauguró el nuevo local Bruno Fritsch en Av. Las Condes, lugar donde se ha atendido un par de oportunidades. En vista de que antaño la casa no tenía rejas, fue objeto varias veces de rotura de vidrios para extraer especies desde su interior (parlantes, radio, cassettes), hasta que por influencia mía logré que mi abuelo cambiase la precaria alarma por una de alcurnia: una Prestige que jamás, jamás ha dado problema alguno más que el recambio de batería.

Mis primeros acercamientos al manejo los dí a bordo de este noble automóvil cuando me empinaba sobre los 16 años, durante paseos con mis abuelos al sector de Los Trapenses, cuando era un descampado y reinaban las ánimas. A lo largo de estos 21 años siempre trato de lavarlo semanalmente a mano (soy el único de mi vecindario que lo lava y seca manualmente), le compró productos de limpieza especiales etc. Así fue pasando el tiempo hasta que mi abuelo dejo de manejar a mediados de 2009, año contar del cual empezó a ser usado mucho menos. Mi abuelo partió en febrero de 2011, pocos días después de haberlo traído de vuelta del servicio de los 70.000 kilómetros, por lo que desde esa fecha hasta ahora ha recorrido poco más de 340 kilómetros, dado que lo uso solamente los fines de semana. Dado sus años, la escasez de repuestos (hoy cualquier repuesto lo tengo que importar a precios elevadísimos) y no ser asegurable, lo saco poco a la calle por temor a ser colisionado.

ANÁLIZANDO EL COROLLA DE SEXTA GENERACIÓN

Haciendo un análisis más en profundidad, esta generación de Corolla fue especialmente exitosa a fines de los ochenta e inicios de los noventa, lo que de paso probaba el gusto y aprecio que sentía el consumidor por un sedán familiar de tres volúmenes.

Su diseño corresponde a un clásico sedán de cuatro puertas y tres volúmenes claramente diferenciados, pudiendo calificarse como un auto familiar puro. Su apariencia es elegante , sobria y realzada, por lo que sus líneas no se ven envejecidas frente a autos actuales (ver fotos en que sale junto al Corolla 2012). Su frontal exhibe faros rectangulares de dos piezas, semitriangulares en los costados, los que combinan intermitentes, luces de posición, bajas y altas halógenas. La máscara central es de color gris (cromada en los modelos GL). El parachoques plástico sobresale en su parte superior con una banda que es negra (sin quererlo me la repintaron de color en Mitsui al llevarlo a reparar unas raspaduras) con una banda cromadas superior que le da más elegancia al conjunto. Los intermitentes naranjos en las esquinas son vistosos especialmente de noche, entre los cuales se ubica una toma de aire, suplementada por otra ubicada en la parte central inferior. Hay dos rendijas, una a cada lado que en otros ejemplares se han empleado como lugar para neblineros (no originales)

Lateralmente se aprecia una homogeneidad visual muy acorde con su frontal con un pilar A ascendente hasta el techo que se mantiene recto hasta llegar al pilar C que desciende sobre el maletero. Los espejos retrovisores externos ofrecen una adecuada visión lateral y son regulables manualmente desde el interior. Las tapas de ruedas sencillas con orificios multiples calzan neumáticos Bridgestone Potenza de medida 175/70 R14 (siempre ha empleado Bridgestone), la línea de los protectores del parachoques continua con un protector lateral negro. Las manillas son negras. Una cualidad destacable y que pocos autos actuales lo traen de serie es el guardafangos rígido en las cuatro ruedas, elemento que protege las zonas de la carrocería de la acumulación de barro, tierra que si no se limpian se deterioran.

La zaga exhibe una violenta caída del maletero, con apertura a la altura del parachoques, característica escasa en los modelos de ese tiempo (o presente en modelos más costosos como Legacy). De hecho toda la gama de sedanes de Toyota de esos años contaba con ese detalle, desde el Corolla Tercel hasta el lujoso Cressida GL, lo que hace más cómodo las labores de carga y descarga. Nunca he podido saber qué capacidad tiene su maletero.

Las luces traseras son simples y funcionales con diseño tricuerpo que en su parte superior agrupa intermitentes, retroceso y una gran zona roja que suma luces de posición y freno. Los elementos donde van las luces que iluminan la placa patente hacen las veces de manilla del maletero. El parachoques trasero sigue en la línea del delantero con un gancho de remolque situado sobre la salida de escape.

Su interior está diseñado para albergar a cinco ocupantes, aunque con comodidad viajan cuatro. La cubierta interna de las puertas mezcla plásticos de alta calidad rugoso (que ya no se ven) con tapicería textil a tono con la de los asientos. Los asientos son parcialmente tapizados en textil (paño y vinilo) grueso con bordes y zona posterior plásticas (en los GL era felpa completa). El asiento del conductor es regulable en altura, reclinación y posición. El apoyacabezas delantero es regulable en altura. Los lóbulos de retención presentes en los extremos de los asientos cumplen una tarea de retención al tomar curvas o cambios violentos de trayectoria.

Su interior es muy luminoso gracias a su abundante superficie vidriada. Atrás extrañé que esta versión no contase con apoyacabezas integrados. La capacidad del maletero es bastante amplia, totalmente alfombrado e iluminado. Otro detalle es que las luces traseras van con tapas protegidas, sin cables a la vista, además de la bandeja trasera que protege los parlantes.

En lo que respecta a su equipamiento abordo, era bastante más completo que el de un Nissan Sunny o un Charade Sedán SG con volante regulable en altura, limpiaparabrisas intermitentes, descansapie para el conductor, bandejas portaobjetos, defroster eléctrico, vidrios eléctricos en las cuatro puertas con subida y bajada de un toque el del conductor, sistema de sonido digital Sony XR-4250 con cuatro parlantes (dos delanteros del auto y dos traseros Sony), antena de pilar interior manual, alfombrado completo, apertura de maleta y bencina desde el interior.

Mecánicamente es propulsado por un motor bencinero (2E) de 1.296 c.c. de cuatro cilindros y 12 válvulas (3 válvulas por cilindro) que en ciudad se desempeña ágil y elásticamente, sugiriendo a ratos que se va a bordo de un auto de mayor cilindrada. Sus tres válvulas se notan sobre las 3.000 vueltas, todo ello unido a una caja de relaciones largas y bien sincronizadas. Su radio de giro de 4.8 metros permite maniobrar con holgura en zonas estrechas. El único “pero” es que los espejos son fijos (no abatibles) por lo que hay que poner ojo al andar por calles angostas.

En carretera es cuando el motor 1.300 se ve penalizado al enfrentar pendientes, pero se resuelve bajando una marcha o tomando un poco más de velocidad. La dirección se vuelve más dura a velocidades de carretera. Se siente muy aplomado y estable. Los frenos de discos delanteros y tambores traseros resisten sin sobrecalentarse el esfuerzo permanente, con un pedal modulable que permite manejar sus límites antes de llegar al bloqueo. Sin embargo a 90 km/h en quinta el motor va bajo las 2.000 vueltas.

Su rendimiento en ciudad lo he calculado en torno a los 13 km/l, subiendo a cerca de unos 16 en carretera (la vez que hice el cálculo cuando lo saqué a pistear un poco). Su estanque de 45 litros se llena con $36.000 pesos. Siempre lo mantengo medio hacia arriba. Un hecho destacable de este motor es, que contadas veces en invierno he usado el chupete (estrangulador) para hacerlo partir. Mi técnica consiste en dos zapateos al acelerador y dar partida, manteniéndolo en 2.000 vueltas por cerca de 5 minutos. El motor alcanza la temperatura óptima de funcionamiento rápidamente. Eso sí, la calefacción es algo lenteja en reaccionar. Otro detalle que da cuenta de la preocupación puesta por Toyota en esos años es su perfecta calidad de ensamblaje, puesto que casi no advierto al transitar por pavimento con eventos, crujudos o chirridos de puertas o piezas sueltas.

Un detalle que le juega en contra es que las luces delanteras no son muy potentes que digamos. Las bajas tienen un haz efectivo, pero las altas son de haz más estrecho. La vista nocturna del tablero es agradable a la vista en su tono blanco frio intenso, además de que los interruptores de los alzavidrios cuenten con iluminación tenue. Las luces del tablero son regulables mediante un reóstato.

MANTENIMIENTO ALGO ONEROSO

En lo que respecta al ítem de mantenimiento, todos sus servicios indicados en la pauta de mantenimiento se han realizado prácticamente en el mismo servicio (Mitsui que hoy es Portillo). Los repuestos no son económicos. El último realizado fue mantenimiento del sistema de frenos a $66.000. Un servicio promedio no baja de los $50.000 (cambio de aceite y filtros) de ahí hacia arriba. El 2009 se le recambiaron todos los neumáticos por $156.000.

En resumen, este modelo da cuenta de la simplicidad y funcionalidad pura, que evita preocupaciones a sus ocupantes y conductor. Todo está en su lugar, fácilmente alcanzable. Un símbolo de una época de Toyota destinado a trascender en el tiempo. Si alguno de los lectores ha visto un Corolla 1.6 GL de esta generación en buen estado de conservación que me avise.

LO BUENO:

  • Calidad constructiva
  • Mecánica simple
  • Interior funcional
  • Equipamiento por sobre la media de su tiempo
  • Confiabilidad a toda prueba
  • Líneas elegantes: no se ve extremadamente antiguo frente a otros autos.

LO MALO:

  • Espejos externos fijos
  • Placa SPECIAL (se ha desvanecido el cromado)
  • No contar con espejos eléctricos
  • Motor ajustado para carretera
  • No tener aire acondicionado (¿se podrá importar el original?)


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